La tecnología redefine la toma de decisiones en la Copa del Mundo 2026 con la Connected Ball y VAR
La integración de sensores en la pelota y avatares 3D para detectar impedimentos milimétricos afianza el papel del VAR como protagonista en la Copa del Mundo 2026.
La Copa del Mundo 2026 ha marcado un nuevo hito en el uso de tecnologías para la toma de decisiones arbitrales, con la aplicación de sensores en la pelota y sistemas 3D que permiten detectar toques imperceptibles al ojo humano. Una jugada clave fue la anulación de un gol del zaguero croata Josko Gvardiol, decidido tras una revisión con VAR activada por el sensor conectado en la pelota, que reveló un contacto mínimo del jugador Igor Matanovic dentro del área.
El sistema denominado Connected Ball, que utiliza un chip incorporado en la pelota, registró un leve toque justo antes de que Mario Pasalic reciba el balón en posición adelantada. La información transmitida en pantalla mostró un gráfico similar a un electrocardiograma, evidenciando la fluctuación que confirmó el contacto. En consecuencia, el árbitro principal anuló el gol, decisión respaldada oficialmente por la FIFA, lo que subraya el creciente protagonismo de la automatización en la supervisión arbitral.
Este desarrollo tecnológico se inscribe en una tendencia global que supera el fútbol. Por ejemplo, el tenis ha ido reemplazando progresivamente a los jueces de línea con el sistema Hawk-Eye, mientras que la Major League Baseball en Estados Unidos monitorea arremetidas para validar bolas o strikes mediante tecnología.
Sin embargo, este avance genera críticas en el entorno deportivo. El técnico croata Zlatko Dalic y su capitán Luka Modric cuestionaron la precisión y el impacto emocional del VAR en el juego, señalando que decisiones tan técnicas pueden «matar la emoción» y afectar la dinámica tradicional del deporte. Inclusive el propio Matanovic reconoció un contacto leve, aunque la polémica persiste entre los usuarios y especialistas.
El exárbitro español Eduardo Iturralde González definió que la fase actual representa un desplazamiento de la influencia humana en la interpretación hacia una primacía de la máquina, que determina las líneas y recoge datos imposibles de apreciar visualmente. Según él, los reclamos deberían dirigirse a la tecnología y no a la arbitrariedad humana, pues el VAR y sus herramientas asociadas ofrecen un nivel de precisión sin precedentes.