El gasto calórico en esports es limitado pese al aumento del ritmo cardíaco
Estudios científicos indican que jugar esports eleva ligeramente el gasto energético, pero el incremento calórico es mínimo y no equivale a ejercicio físico intenso.

El análisis de múltiples estudios revela que la actividad metabólica durante partidas de esports solo aumenta marginalmente respecto al reposo. En promedio, el gasto energético durante el juego varió entre 1.3 y 2.5 calorías por minuto, lo que equivaldría a quemar alrededor de 78 a 150 calorías por hora, similar al aporte energético de uno o dos huevos cocidos.
Una investigación que reunió datos de jugadores de alto nivel en títulos como Counter-Strike: Global Offensive, VALORANT y League of Legends estableció que el gasto calórico aumentó apenas un 17% en comparación con el reposo, una cifra insuficiente para considerar el juego una actividad físicamente demandante.
Los estudios incluidos en una revisión sistemática emplearon técnicas como la calorimetría indirecta, que mide el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono para estimar las calorías gastadas. Si bien el ritmo cardíaco de los jugadores pudo elevarse notablemente durante las partidas, este aumento se asoció principalmente al estrés y la activación del sistema nervioso simpático, más que a un esfuerzo muscular significativo.
Por ejemplo, un reporte de caso mostró que la frecuencia cardiaca subió de aproximadamente 85 a 137 latidos por minuto en un jugador amateur en los primeros minutos del juego, pero su consumo de oxígeno apenas cambió en comparación con el ejercicio físico como el ciclismo, donde el gasto energético fue más de dos veces mayor.
Las investigaciones también indicaron que la cantidad de acciones por minuto en el juego podría influir en el gasto calórico, aunque este efecto fue demostrado en un estudio limitado a jugadores amateurs de géneros MOBA. En conjunto, los resultados reflejan que la leve elevación del gasto energético varía según el tipo de juego, intensidad y características del jugador.
Además, un estudio con jugadores universitarios mostró que quienes compiten en esports tienden a ser menos activos físicamente fuera del juego, con menos pasos diarios y mayores índices de grasa corporal, comparados con estudiantes no vinculados a esports. Esto sugiere que la actividad dentro del juego no compensa la falta de movimiento real.
En otro ámbito, un programa de entrenamiento de alta intensidad para jugadores de FPS mejoró aspectos relacionados con la performance, como la toma de decisiones y la precisión, así como la condición aeróbica y la calidad del sueño, aunque no modificó la fortaleza mental.
En definitiva, se concluye que el juego competitivo conlleva un gasto calórico superior al reposo, pero esta diferencia es insuficiente para considerar el gaming como ejercicio físico, y su efecto principal está asociado a la carga mental y emocional de la competición.