La evolución del estilismo deportivo: involucrar a atletas y marcas en la moda del túnel
Los estilistas de atletas de élite enfrentan retos de tallas, calendarios y códigos específicos para crear looks que impactan en la conexión entre deporte, moda y negocios.

El trabajo de los estilistas deportivos trasciende la mera elección de prendas: deben adaptar la moda a cuerpos atléticos que no encajan en las tallas tradicionales y coordinar múltiples apariciones en calendarios saturados. Atender a figuras de la NFL, NBA, MLB, WNBA, NHL o MLS implica una logística severa para vestirlos en cada evento, desde túneles hasta alfombras rojas.
Para muchos atletas, el vestuario es una extensión de su marca personal que influye tanto en el rendimiento como en su presencia pública. Esto obliga a los profesionales a dominar aspectos técnicos de sastrería, confección y proporciones, creando prendas a medida cuando no existen opciones comerciales que se ajusten a sus cuerpos.
La demanda se complejiza por horarios apretados y la necesidad de trabajo colaborativo entre diseñadores, sastrerías y estilistas en distintas ciudades. Ejemplo de ello fue la preparación de un jugador para un draft de la NBA, que requirió más de veinte llamadas y coordinación entre diferentes ubicaciones para entregar a tiempo un traje con ajustes personalizados. Además, estilistas como Brittany Hampton o Courtney Mays destacan las dificultades para encontrar tallas específicas, sobre todo en calzado, y la necesidad de recurrir a soluciones creativas como la ropa gender-fluid o pedidos a medida.
Asimismo, profesionales como Tom Marchitelli han desarrollado una carrera confeccionando traje a medida para superestrellas, contemplando parámetros como la comodidad, la transpirabilidad y la forma física de cada cliente. Marchitelli señala que los tejidos empleados deben permitir movilidad y resistencia, pues los trajes no solo se usan durante eventos sino también en traslados o conferencias. Ha confeccionado desde prendas básicas a piezas de lujo, incluyendo un abrigo de visón valorado en decenas de miles de dólares, e incluso ha trabajado con líneas enteras de players para reconocer su esfuerzo deportivo.
El enfoque en el estilismo deportivo también supone conocer códigos no escritos, como evitar looks muy llamativos en temporadas con malos resultados o adaptar el estilo al momento personal y profesional de cada atleta. Así, la relación con el cliente se vuelve constante, con intercambios de mensajes para afinar detalles y lograr una imagen auténtica y coherente con su identidad.
El papel de los estilistas abarca desde la selección de ropa de lujo hasta el sourcing de piezas exclusivas, combinando marcas reconocidas, diseñadores emergentes y streetwear. Entre las firmas más citadas destacan Louis Vuitton, Prada, Bottega Veneta, Saint Laurent y Loewe, aunque también se valoran mezclas que reflejen el sello personal del deportista y no solo la marca.
Es habitual que en el vestuario se consideren aspectos funcionales específicos: por ejemplo, la protección de articulaciones sensibles con calzados adecuados para no afectar el rendimiento. La competencia en el vestuario es evidente, con atletas que buscan destacarse también por su estilo, creando una dinámica de rivalidad similar a la deportiva, pero en la pasarela del túnel antes del partido.
En este contexto, el estilismo se convierte en una parte integral del ecosistema deportivo, interrelacionando la imagen pública de los atletas, el marketing de marcas y las expectativas del público, todo dentro de un calendario exigente y un mercado en expansión.